El olor dulzón de los lirios me marea, como si estuviera de nuevo en la iglesia cargando la corona de flores.
Mi abuelo murió antes de que yo naciera, no le recuerdo, para cuando murió mi abuela yo ya tenía más de veinte años, me sentí demasiado mayor para una primera vez y fingí que sabía lo que hacía.
Bajando por el pasillo de la iglesia, se me escapó el sollozo que estaba sujetando y salió como un sonido gututal casi un chillido.
Me dió vergüenza que todos supieran: había llegado a la muerte cargada de inocencia.
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